

Erase una vez........una criatura, muy joven, fresca y frágil,.... una flor casi, casi, con su tallo al completo, pero que sus hojas ya empezaban a ser deshojadas, antes de ser madurada, aunque los arbustos mas maduros de su alrededor no se daban cuenta...., esa flor tan pequeña y radiante, era inimaginable que quizás pudiera contener algún tipo de pulgon entre sus lindas y bellas hojas, a las cuales se estaban aposentando, dejando un suave veneno que de por vida llevará en su mas triste silencio.
Ante los ojos de dicha criatura, se paseaba fría e implacable hasta la muerte de algún pulgon de sus hojas, y sintiéndose esta liberada y alegre, a la vez tuvo que derramar alguna lágrima ante el llanto de algún arbusto maduro que desconocía a quien había herido y de que forma. Fue la primera vez que la criatura contempló como se nada entre dos lineas tan diferentes, aparentemente lejanas y donde una chocó contra la otra, el mismo día, la misma hora, el mismo minuto y segundo. El arbusto maduro no encontró el consuelo en su arbusto maduro mas cercano, y fue a derramar su pena y llanto sobre la joven flor, buscando consuelo de lo que nos aporta el aire fresco y joven. Desconocía que se estaba abrazando a alguien que sentía lo opuesto a el, nada de pena y profunda alegría, .......pero aun así, la joven pudo sentir y comprender como se sentía quien se suponía la tenia que proteger, pero ese día.......fue la joven flor quien protegió al maduro arbusto, no borrando de sus ojos ciegos la verdad que se escondía, devolviendo un caluroso abrazo a quien ella también tanto quería.
Aun quedan pulgones de aquellos, la bella y joven flor ya perdió hojas, creció, hizo nuevos brotes, hecho nuevas semillas y nuevos frutos, y hoy, ya es otro arbusto maduro en la selva amazónica que le acompaña en sus alrededores. Aunque algún pulgón ya se eliminó hace ya mucho tiempo, parece que otros persisten,....debe ser que tienen buen alimento de la madre, pues sin darse cuenta, han hecho que alguna flor repleta de savia cayera de nuevo en la noche, dejando rastro en su tallo, con cicatriz incrustada, y lagrimas de fuego,.....y quien sabe si volverá a brotar allí una nueva hoja o flor. Hay vacíos y lágrimas en esa oscuridad, acompañada de una soledad repleta de otros seres invisibles a la luz natural o visibles al resto de unos cuantos humanos. Ya no se quien es mas afortunado, si quien vive sin verlos y sentirlos, o el que huele su presencia, los siente y los vive, dejando huella para asegurar el paso por esta vida, y llevarse lo sentido, lo vivido y lo aprendido.
